Por Milos

La palabra “jardín” tan solo me evoca uno de mis libros favoritos de mi infancia: El Jardín Secreto,
de la escritora británica Frances Hodgson Burnett. Este es un libro que explora la destrucción y la
regeneración, que trata del dolor, del olvido, del cuidado y de la prosperidad. El libro invita a la
reflexión, al crecimiento y la madurez. Y Gorogoa de Jason Roberts emana prácticamente los
mismos temas.

“No es solo un juego; es una obra de arte que se expresa a través de ilustraciones cautivadoras y
conmovedoras” esta es la definición que le otorgó su creador y con la que estoy completamente
de acuerdo, aunque sea una declaración un pelín pretenciosa. El apartado estético es fascinante:
fantasías ilustradas a mano. Pero sobre todo lo que destaca es que es un juego enigmático de
acertijos que ponen a prueba nuestra capacidad de percepción y organización.

A través de mover y combinar distintos paneles, guiamos a un joven hacia una especie de dragón
extrañísimo, ¿será este el mismísimo Gorogoa? De camino desplegamos una historia de traumas y
superaciones. A medida que combinamos los paneles de escenas aparentemente no relacionadas,
comenzamos a sorprendernos con las conexiones que vamos descubriendo.

Como si de la maquinaria de un reloj se tratase, juntamos y solapamos piezas que contienen
paisajes e interiores, texturas y retratos, que solución a solución hacen que entendamos a la
perfección la historia y las emociones que nos transmite el autor sin escribir ni una sola palabra.

Inicialmente puede desorientar el constante cambio de perspectiva y profundidad, tanto en los
paneles cuando los movemos (o hacemos zoom en los mismos), como en sus diferentes relaciones.
Pero el juego confía en la lógica y la intuición del jugador y cuando empieza a fluir, se convierte
en algo natural. Los mensajes crípticos sutilmente van cobrando sentido.

Sin entrar en detalles minuciosos, para no destriparos la experiencia, Gorogoa nos habla del
sufrimiento, de una peregrinación, de miedos y peligros y cómo superarlos. Capa a capa, panel a
panel, en una experiencia que dura poco menos de tres horas. Inusualmente corto para un juego
de estos últimos años, donde uno ya está acostumbrado a duraciones de diez, treinta, sesenta o
incluso más de cien horas. Pero la brevedad solo juega a su favor: permite una rejugabilidad
instantánea, como también hace que su historia sea más concisa y memorable.

Lleva disponible desde 2017 en la mayoría de las plataformas, ordenador, consolas y móvil. Y en
lo que a mí respecta, en estos últimos cinco años pocos han conseguido rivalizar con el misterio y
la magia de Gorogoa.

Categorías: JARDÍN

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