Todos buscamos la manera de recordar, de aferrarnos ¿pero no estamos condenados
al olvido? Nuestra memoria está sesgada y se transforma con el tiempo. No quedan
hechos, ni olores, ni caricias, solo emociones difusas más cercanas a la materialidad
de los sueños que a la realidad. Quiero decir: el olvido no es una elección. Supongo
que en cierta manera es una necesidad.

Quería contarte
que el olvido
no es una elección.
Que me fugo por este agujero
redondo
e inmensamente pequeño
porque no puedo quedarme.
Quemamos el tiempo con los hechos
y creemos que las cenizas son recuerdos.
Pero no son más que eso:
cenizas.
Te las tragas pensando que te devuelven algo
e imaginas el sabor de la nostalgia.
Pero lo único que importa ya
es el olvido.
La nada
de la que aún puede crecer algo:
una llama,
un brote,
un sueño.
¿para que recordar lo que no es real,
lo que ya no existe,
lo que no soy?
Olvida mi nombre
y atragántate con mi ausencia.

Yo
ya me fui.

Categorías: MEMORIA

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