Inferno
Arde el tiempo,
arden los días

la cerilla descansa en un cajón,
muerta de risa.
Se dan las condiciones perfectas
para que salgan a bailar mis cien demonios.

Uno a uno,
riéndose,
pasan taconeando sus pezuñas
el demonio de la prisa,
el que vive de puntillas,

el del miedo al deseo quemado

el de la familia a trozos,
el people pleaser,
el enfermo,
el católico,
el frío,

el de las venas transparentes.

Todos tienen cuernos,
y una cara con cicatrices que me pide
que me acerque a la hoguera con ellos.

Y Yo,
con los pies desnudos y tierra en las uñas,
la lengua seca y los músculos torcidos,
les doy la mano y bailamos
a la luz de la luna.

María G. Dionis

Categorías: Fuego

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