Violeta Rezola

« -¿Hasta qué punto la escritura es deseo?

-Siempre».[1]

Parece evidente lo qué es el deseo, hasta que te pones a definirlo. Para algunas personas, probablemente la mayoría, el deseo está asociado con lo romántico, con lo erótico e incluso con lo sexual. Sin embargo, ni si quiera en su naturaleza hay acuerdo: ¿está unido al amor?¿a la ausencia?¿al dolor?¿es algo que te atormenta? ¿finito? ¿eterno? ¿o aquello que mueve el mundo? Algunos piensan en el deseo como el impulso, otros como la pasión o la atracción, otros como una meta a largo plazo, un sueño que pides a una estrella fugaz.

«Eros ha sacudido mis entrañas

como un viento abatiéndose en el monte

sobre las encinas».

Safo

Si miramos a la tradición poética, vamos a encontrar que el deseo está generalmente ligado al conflicto. A la imposibilidad y al anhelo. Ya sea por un amor no correspondido, por falta de libertad, por falta de aceptación.  Esto se incrementa notablemente si nos fijamos en las voces que expresan problemáticas no tan aceptadas socialmente: el deseo femenino, la masturbación, el amor plural, todo lo concerniente a los colectivos LGBTIQ, raza y, en definitiva, todo lo que plantee una verdadera digresión de la norma.

«¿Estamos las poetas destinadas a escribir un placer dolorido?»

Caliente, Luna Miguel

Así como el placer dolorido que cuestiona Luna Miguel, cabe preguntarse si la propia naturaleza del deseo hace que esté condenado al sufrimiento, tanto si se obtiene lo que se desea como si no.

Cristina Peri Rossi -poeta, escritora y activista-, cuya obra está marcada por el erotismo y lo político, define el deseo como “una fuerza muy poderosa que incluso puede cargarse el odio de dos familias, como en Romeo y Julieta”. Está claro que en ese sentido, el deseo está ligado al inconformismo. A la utopía, a la posibilidad de amar y ser amado, a la destrucción de todo aquello que nos aleja de la satisfacción.

«Porque el deseo es el motor de la existencia: para mí la vida es deseo y la muerte es no-deseo. Creo que una de las maneras de estar vivo es ser deseante, y no estoy hablando solamente del deseo sexual: estoy hablando de un deseo que te atraviesa toda; del deseo del que hablan los psicoanalistas, es decir, un deseo que impregna todo lo que hacés. Entonces, me interesa fundamentalmente como me interesa la vida, cosa que explica que pase por distintos lugares, porque también las novelas que he escrito con tema social o político forman parte de un deseo, de otro deseo que no es el erótico, el deseo de amor o el deseo de compañía». Cristina Peri Rossi

Sin embargo, y aunque todo aquello que muestra un conflicto tiene una parte de doloroso, no creo que esa sea la realidad total del deseo. Creo que muchas veces se trata de algo agridulce: una pequeña muerte no siempre es algo negativo. Al revés, hace que el crecimiento, la expansión y la creación se revelen. Permite el nacimiento de algo nuevo a la vez que nos libera de aquello con lo que ya no resonamos.

«Así es como imagino mi deseo: si apagara esta vela, mis líquidos se solidificarían. Y cuando digo “líquidos”, digo sangre o lágrimas, o flujo, o incluso sudor. Qué ocurriría si mi deseo se apagara: se me atrofiarían los orificios, se me reventarían las venas, no habría espacio para la imaginación».

Luna Miguel

Afortunadamente, en la actualidad podemos ver cómo se comienza a hablar con mayor libertad del deseo, de sus diferentes formas y cuerpos, de su fiereza y su belleza. Sin embargo, como reflexionaba Elizabeth Duval en su IG, “el deseo, interpretado con exceso, es una trampa neoliberal que nos deja más solos y más tristes, más olvidados y más grises”. 

«En mi cabeza tiene(s) sentido. No sé cuál de ellos. No sé si la locura o el deseo, ni sé si es un sentido abrupto del amor, del que tanto reniego que me ocurra».

 Fragmento de “En mi cabeza tiene(s) sentido”, Alejandra Remón

Y es que, en la sociedad en la que vivimos, parece que todo es consumible y, si bien, la libertad es intrínsecamente positiva, es necesario que recordemos la importancia de los cuidados y de la ternura. Que el deseo no tiene por qué ser algo que se desgasta violentamente como una cerilla -únicamente-, sino que tiene muchas formas e incluso en lo cotidiano hay belleza y hay amor.

“Playlist” poética:

Siempre me quedo con ganas de incluir más poemas y textos en el artículo mensual. Así que os traigo un nuevo apartado: la “playlist” poética. Cada mes incluiré una breve selección de poemas relacionados con el tema, en este caso el deseo:

  1. “Vivamus mea lesbia”, Catulo
  2. “Plenitud”, Safo
  3. “Veinte siglos”, Alfonsina Storni
  4. “El intruso”, Delmira Agustini
  5. “¿Qué ha sido naturalizado en mi pene?”, Enrique Fuenteblanca
  6. “La balada de la masturbadora solitaria”, Anne Sexton
  7. “No decía palabras”, Luis Cernuda
  8. “Aquella noche” Cristina Peri Rossi
  9. “Union Square station”, Robin Myers
  10. “Quiero dormir contigo codo con codo”, Joyce Mansour

Es un tema lleno de matices y posibilidades, en el que la poesía ha sido prolífica tanto en lo que se refiere al deseo carnal y amoroso, como en todas los posibles anhelos que pueblan nuestra mente y alma.


[1] “Del deseo y sus accesos: una entrevista a Cristina Peri Rossi” por Aina Pérez Fondevila, Universitat de Barcelona.

Categorías: Deseo

1 comentario

cialis rezeptfrei tadalafil · 5 de marzo de 2021 a las 04:03

Hola Juli, excelente. Me encantaron tus opuestos, te felicito, Saludos!! Mela Frasquito Wilkison

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