almudena anés

I

beso precarizado

La luz prometida es blanca y enrarecida cuando ilumina tu desnudez y todo el piso de alquiler está (a)pagado. Imaginamos esa vida en común mientras hago la cola del paro y tú acudes a la precariedad de la atención al público.

Pero hoy, en este aura, estamos bajo el umbral de la estabilidad y amamos los muebles como la cama, hechos con hambre y ternura. Todas las penas sencillas quedan suspendidas entre nuestras corporalidades: los bosques se juntan y estallan de temblor y fe. Entonces no hay asuntos entre los dientes y las glándulas ansían tierras generacionales sin fronteras, (im)posibilidades y preocupaciones.

El deseo es gratuito.

Quizás es lo único que podamos permitirnos todavía, amor.

II

living apart together

Me duele tocarte y que me toques mientras espero a solas no sabiendo si volverás, si quiero que vuelvas. Sé que estos muros de piel nos mantienen lejos: distancia social, conectividad y (pseudo)comunicación. La lejanía sirve para conservar un buen rendimiento laboral a caballo entre las políticas de empresa y el amor.

No sé si quiero que vuelvas porque no tengo tiempo para ti.

Sé que jamás hemos amado tanto pero queremos comer y ser independientes, muy libres (?). Quiero así una cama enorme, red WIFI, fines de semana en la playa y paredes de cristal para verte, extrañarte, amarte y distanciarme. ¿Por qué deberíamos volver si no podemos alquilar un piso juntas y vida significa facturas, responsabilidad y alopecia? Te amo y no tengo dinero, mi amor es tan pobre como estructural.

Siento un dolor económico que atraviesa mi estómago y hace que vomite lo poco que consigo guardar en la nevera. Mis padres piensan que sufro pero, en realidad, sufrir no es ningún problema, sino un acto de conciencia, todavía sigo con vida, una reafirmación en la lucha contra el bien común falso. Tengo plena disponibilidad para que me exploten y caer rendida en la cama después de una jornada de ocho horas (con suerte), ver tu cuerpo desnudo tendido a mi lado y no tocarte.

No tocarte porque ya no me da para más la vida y sólo quiero dormir y no despertarme. Somos muy libres, nos hemos independizado como dos fantasmas en renta, con miedo al desahucio y al teletrabajo, a no saber qué decirnos un día mientras comemos y no esperar ya nada más excepto que la última nómina llegue a los mil euros y que nuestro amor tenga el mismo deseo de durar que nosotras vivas.

III

iconódulo

Soy bisexual pero cada vez me gustan menos los hombres. Ellos siempre hablan con sus serpientes y me siento invadida, perforada como si fuera petróleo y ellos sisean y no me escuchan cuando digo no más daño. Con los chicos jugaba al fútbol y luego me decían que no era chica chica, que era alguien dentro de un círculo gaseoso, que no era chica porque no tenía el pelo largo ni las uñas bonitas. Quizás nunca he sido ni seré una chica chica, una mujer de verdad, porque nunca tuve amigas mujeres hasta bien tarde, hablaba con ellas y luego les comía la boca, así, bastamente. Ellas eran de castañas y granadas, de olmos y cipreses. Los hombres siempre pedían más de lo que podía ofrecer y desconozco si alguna vez he querido también poseer una víbora y encantar al mundo con mi piel de reptil. No me atrevo a creer que haya podido vivir en el tránsito.

Amo los cuerpos, eso sí, he mirado mucho, he copiado movimientos y gestos, he querido ser más hombre que mujer porque vivir así es más fácil y seguro. Nunca he querido confesar que me aterrorizan las semillas y la posibilidad de la maternidad, que los chicos siempre me han dicho que poseo un cuerpo bonito, pero quiero saber dónde me caben tanto amor y tanto miedo. Porque las chicas te leen las cicatrices y no hacen preguntas y luego te abrazan como si fueran un fuego y el aire es tan limitado que sucumbes a esa ira y a ese candil que te prende en el centro. Y los hombres sólo quieren ocuparte/ocuparlo todo y ya no puedo más y ya no me queda más espacio porque si no voy a explotar.

Siempre he amado y deseado, los cuerpos y el sexo.

Pero ya no puedo ni quiero soportar más dolor.

Categorías: Deseo

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