magia – la llave

un escrito de almudena anés

Marcel Broodthaers, Minuit (1969), MOMA, New York.

No recuerdo en qué momento aprendió a mentir. Fue un proceso gradual. De niña, se ponía películas de fondo, desatendía las imágenes y prestaba una atención milimétrica al sonido, a los diálogos, a los cambios de voz. Todos reíamos entonces porque pensábamos que era una ocurrencia pasajera, su arte para la manipulación. Pero no pasó ni creció. Ella seguía escuchando las voces de las películas, la radio y cualquier otra distensión en el sonido que pudiera indicar que signo y significado se separaban. Aprendió a controlar, casi de manera perfecta, el lenguaje y el tono con los que se dirigía al mundo. Su presencia, ya siendo adulta, inundaba toda la habitación de un horror vacui que asustaba hasta sus padres. Lo que podría haber sido encanto natural, se transformó en una dialéctica oscura, en la tergiversación de la magia para trastocarla en algo peor, banal e, incluso, triste. Nadie conocía el truco al principio, el modo de convencer, nadie hasta que los precios pagados comenzaron a superar la delicadeza de las mentiras.

Cuando den las doce de hoy, hará un año desde que ella se fue. Su existencia se basaba en la tautología, en imitar el sentido lingüístico y real de las personas que circundaban su entorno. Consumía sus hábitos hasta desecharlas, hasta lograr la locura. Consiguió que su novio terminara denunciándola y poniendo una orden de alejamiento. No era una femme fatale porque decía ser feminista, pero lo cierto es que le hubiera encantado ser así. No puedo saber las veces exactas que vio Instinto Básico. No era buena persona pero poseía encanto, una diferencia.

Un año ya, una familia destrozada, una historia a relatos. Supongo que todos alguna vez hemos conocido a esas personas con hechizo, que lo embrujan todo, que lo embriagan todo, que lo destruyen todo. Dicen que ahora vive en otra ciudad y que está bien pero no creo que esa sea la verdad. Imagino que habrá hecho lo que lleva haciendo desde que era una niña pequeña con aires de superioridad: asumir cualquier otra identidad menos la suya. Porque sí hay algo que tiene la magia es la capacidad de esconder la realidad. El truco, como las personas, es revelado, como el tiempo, antes o después. Y que personas como ella, las que parecen buenas, no lo son. Y que las personas como yo, que parecen tranquilas, también son vengativas. Algún día se sabrá que ella no va a volver. Mientras, dejo pasar el reloj en su lento movimiento de manecillas. Ya ha pasado un año, quedan muchos más por transcurrir y un amplio silencio sobre la mesa familiar.

Categorías: Magia

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