¿Cuál es el poder oculto de la luna? ¿Por qué nos hechiza? ¿Será por iluminar los impulsos rebeldes en las noches más cerradas? Sea como fuere, muchos han sido los colores que han tratado de atarla a telas o tableros: plata, blanco, gris, amarillo, azul… Tonos que también son el estandarte de la brujería. Una “práctica” sujeta a la distinción entre las fuerzas naturales regentes del mundo y las morales humanas caducas en cada evolución de corrientes socio-culturales.

A finales de la Edad Media apareció el término “brujas”.  Europa tomó las armas contra lo que consideró herejía, mientras que artistas y artesanos se ceñían a sus materias primas para dejar constancia de tal aberración. Entre 1450 y 1750, el número de víctimas mortales osciló entre 60.000 y 5 millones de, mayoritariamente, mujeres. Esto se debe a que, según las fuentes oficiales de la época, la mujer era más vulnerable ante el mal.

Estas brujas surcaban la noche provocando tormentas, atacando ganado, transmutando su forma de anciana a joven, o sapo, gato, serpiente, o rata. Se juntaban en aquelarres (del euskera, aker: macho cabrío y larre: prado), orquestados por este animal vinculado al dios de la fertilidad Pan, y por lo tanto, siguiendo los vetos a los cultos paganos del cristianismo: al demonio. Dichas orgías regadas con estupefacientes y osculum infames tenían como propósito violar los códigos de conducta de la Iglesia.

Uno de los artistas embrujados por este mito fue Luis Ricardo Falero de Candelarese, Duque de Labranzano, quien vivió en pleno siglo XIX. Pintor autodidacta ligado al post-romanticismo, experto en reflejar ambientes que en su momento se tildaron de casi pornográficos. Sus estudios fluctuaron entre el arte y el ejército, entre Francia y Reino Unido, lugar donde finalmente se instaló.

El inconsciente individual reformula nuestras vivencias diarias, nuestros miedos más profundos, o nuestras ambiciones más viscerales. En el ámbito de la colectividad suceden degeneraciones o endogamias del imaginario que nos define como sociedad. El subconsciente es una de las partes más desconocidas de nuestra psicología actual, siendo también la que más nos conecta con la abstracción.

Falero escuchó sus impulsos más intensos siguiendo la estela académica clásica y las influencias mitológicas orientales, así como las tendencias astronómicas regentes. Aunando el género femíneo con la astronomía nos topamos con la primera mujer dedicada a tal conocida como Aglaonike o Aganice: científica de la antigüedad cautivada por el espacio sideral. Cuerpos celestes que en aquella época se traducían como dioses, siendo la correspondiente a Aglaonike, Hécate: gobernadora del Inframundo y poseedora de la luna. En el siglo V a.C., Aglaonike se impuso como sacerdotisa con gran poder por sus conocimientos sobre los ciclos lunares. Ante el fenómeno de los eclipses ella se declaró capaz de ocultar el satélite. Hecho que hizo que fuera tildada como bruja en la Grecia Clásica. Maligna solamente al aparecer la figura demoníaca ligada a esta etiqueta en los años posteriores.

La pasión que Aglaonike compartía con Valero hizo que éste último usara los ambientes oníricos que evocan al universo nocturno como lugares donde el protagonista principal era nuestro satélite cambiante. Su desafío al decoro victoriano se produjo a través de desnudos: dianas que atraían la atención de sus coetáneos por su sensualidad y el ocultismo al que se los vinculaba.

Existe obra suya en museos tan relevantes como el Metropolitan de Nueva York, pero no es fácil encontrarla de manera pública en España, lo cual fomenta el hecho de que siga siendo un pintor poco conocido en su país de origen.

El erotismo hace que los calderos bullan con su burbujeo morboso pero… ¿por qué las brujas lo representan? ¿Será porque se mezclan con las formas fálicas de las escobas voladoras o por las orgías que parecen rodearlas? ¿Quién decidió que ese objeto las acompañara y que esos ritos fueran suyos? ¿No estará la promiscuidad en los ojos de quienes las observan? He aquí la magia de las preguntas…

La Ninfa de la Luna _ Moon Nymph, Luis Ricardo Falero (1883) Colección privada.
Categorías: Magia

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