«De algún modo sobreviví la noche
y entré en el día.
Al salvado le basta su salvación
aunque no sepa el cómo.

Así tomo mi lugar entre los vivos,
como si alguien me escoltase,
candidata al azar de la mañana
pero citada con los muertos».

-Emily Dickinson

Si como Emily Dickinson sobrevivimos a la noche, nos encontramos ante la luz de un nuevo día. Una luz que es también fuerza creadora, energía cósmica, irradiación.

«La luz es continuidad de la luz, el
recorrido de la luz a lo largo de mi pasillo,
como una mano que avanza tanteando la
superficie uniforme de la pared

como un cuerpo
que se mueve a tientas
recordando los pasos que todavía faltan hasta
el final de corredor

la mano acaricia la pared como si acariciara un
cuerpo

líquido
homogéneo

la luz ininterrumpida
en una casa que conozco de memoria
es también un ejercicio de renuncia».

-Claudia González Caparros

La luz reconoce el espacio en el que nos encontramos, nos sitúa, nos da el don de la vista, literal y  metafóricamente. Nada existe hasta que le damos luz, nada existe hasta que creamos una aurora en nuestra mirada que nos permita reconocer aquello a nuestro alrededor, aquello dentro de nosotros.

«Sólo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene entonces, aunque no perdure y sólo sea fugitivamente, sin apenas duración, pues que crea así el instante».

Fragmento de “La Mirada” de María Zambrano.

Sin embargo, la mirada es algo que nosotros creamos, algo que nos define, como bien se dice “la belleza está en los ojos del que mira”. Luz es belleza, amor, es nuestra capacidad para percibir nuestro entorno y alterarlo.

«No todos los seres vivos necesitan
la luz en la misma proporción. Algunos fabricamos
nuestra propia luz ».

-Louise Glück

Incluso cuando las sombras nos acechan, y nos encontramos en la oscuridad, incapaces de encontrar refugio, podemos crear nuestra propia luz.

«Esta noche quiero escribir algo que retenga luz.
Algo áspero y bello, una palabra llena de significado. Porque estoy sola y
siento que me duermo en la más brillante oscuridad
porque estoy sola y siento que endurezco».

-María Soto Mayor

Retener la luz en aquello que escribimos, en aquello que amamos, en los instantes inasibles de la vida, nos caracteriza como seres humanos. La búsqueda de la luz nos inspira y marca en un camino a veces rodeado por las tinieblas de los miedos. Otras, la propia luz es asfixiante y ardiente, tan adictos somos a ella como Faetón, y es la oscuridad quien nos consuela. Pero como ya anticipábamos en el número anterior, el equilibrio es la clave. Disfrutemos entonces de las pequeñas estrellas que nos podamos encontrar, de las personas y situaciones que nos iluminan, pues esos fuegos no se extinguirán. 

Categorías: Luz

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