El estudio de la luz en el arte plástico siempre ha sido base junto con el color. Pero no es hasta el siglo XIX cuando Monet se obsesiona de manera casi compulsiva con ello. Con sus estudios sobre la catedral de Rouen de 1890, podemos ver el modo en el cual un edificio es capaz de cambiar de manera radical a lo largo de un único día a través de la luz. Luz que el pintor fragmenta mediante pinceladas, añadiendo colores variopintos hasta el momento (al desfragmentar los efectos lumínicos). El impresionismo logró grandes adeptos. Muestra de ello es el récord que una obra de este autor logró en el 2019 al venderse un cuadro de la serie Meules en menos de 8 minutos en una subasta neoyorkina por la astronómica cifra de 110 millones de dólares.

De la técnica saltamos al concepto. Dan Flavin (1933-1996) abre la brecha historiográfica del arte de pensar. Su obra se basa en emplear materiales tecnológicos cotidianos de su momento. En concreto; las luces de neón que se empleaban en la publicidad de antaño desnudos, despojados de mensaje capitalista alguno. Posteriormente llegarán otros artistas de luz como el chileno Iván Navarro o Jenny Holzer. Aunque ésta última quizás debiéramos reservarla para otro artículo más reivindicativo… ¿o puede que verdaderamente todo está delicadamente inter-conectado?

El artista como científico es otra de las figuras duales que irradian de la creación del super-hombre renacentista. La expresión crítica sobre el espacio público es, a través del filtro anterior, la tónica de Olafur Eliasson. La experiencia del espectador o espectadora es la parte nuclear del trabajo de este artista danés-islandés. Quien recientemente además, puede visitarse hasta el 4 de abril del 2021 en el Museo Guggenheim de Bilbao, dentro de la exposición “Olafur Eliasson: en la vida real”. Toda una crítica a aspectos muy concretos de nuestra vida cotidiana. Dicho museo, trabajando codo con codo con la Asociación profesional de ilustradores de Euskadi (Euskal Irudigileak), solicitó a 8 ilustradoras e ilustrador locales su visión personal de la exposición plasmada a través de su estilo, emitida como no podía ser de otra manera, mediante la luz de nuestras pantallas más cercanas.

Higinia Garay, Ane Pikaza, Alberto Muriel o Leyre Urbeltz nos muestran sus particulares formas de expresar este evento cultural basado en la luz, en la sociedad, en la vida, en definitiva. Esta bonita iniciativa aprovecha la visita de un artista internacional sito momentáneamente en el contexto bilbaíno para enlazarlo con artistas contemporáneos localizados en ese territorio. 

La luz es el reflejo de la memoria, el archivo de lo distinto, de lo cotidiano, de aquello que no queremos que muera con nosotros. La luz es, al fin y al cabo, una posibilidad infinita. Y todo lo dicho hasta el momento no son más que pruebas de ello.

Categorías: Luz

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